Editorial
El huracán ‘John’ azotó con fuerza en Morelia, dejando a su paso un desastre que afectó a más de 50 colonias. Las calles inundadas y los hogares dañados son el testimonio de la furia de la naturaleza, y miles de morelianos luchan por recuperarse de la catástrofe.
En medio de esta tragedia, la ausencia más notoria fue la del alcalde Alfonso Martínez, quien, en lugar de estar al frente de los esfuerzos de recuperación, compartía en redes sociales imágenes de su viaje a China, interactuando con robots y admirando rascacielos.
Mientras Morelia se desmoronaba, su líder se encontraba en un mundo lejano.
El alcalde justificó su viaje a China como una estrategia para atraer inversión a la ciudad. Sin embargo, los ciudadanos necesitan un líder presente, que se arremangue y enfrente los desafíos junto a ellos.
La inversión extranjera puede ser importante, pero en momentos de crisis, lo prioritario es estar al lado de quienes lo eligieron. Su ausencia física, y sobre todo emocional, es una traición a la confianza de sus votantes, quienes esperaban que en momentos críticos él estuviera a su lado, no a miles de kilómetros.
El contraste entre la realidad devastada de Morelia y el sueño tecnológico de Alfonso Martínez es doloroso. Mientras la ciudad lucha contra las inundaciones, él parece estar soñando con rascacielos y robots.
Esa desconexión entre las necesidades urgentes de los ciudadanos y las fantasías de un mundo futurista no hace más que profundizar el sentimiento de abandono entre los morelianos.
El viaje a China podría haber esperado; las tragedia y los patrimonios perdidos no.
Es innegable que el alcalde ha ido distanciándose cada vez más de los intereses de los ciudadanos. Los problemas cotidianos, como las calles en mal estado y la falta de agua en colonias afectadas, son solo algunos ejemplos de una administración que parece haber perdido el rumbo.
Morelia, una ciudad que alguna vez brilló por su belleza y su cultura, hoy se encuentra en una lucha constante por sobrevivir, mientras su líder está ausente no solo físicamente, sino también en sus prioridades.
Lo que está quedando claro es que Alfonso Martínez ha dejado de lado la verdadera misión de su cargo: servir a los ciudadanos. Mientras él busca nuevas oportunidades en tierras lejanas, Morelia se apaga bajo el peso del abandono.
La ciudad necesita un líder que no solo esté presente, sino que actúe con determinación y compromiso, porque Morelia merece mucho más que un alcalde ausente.