Editorial
Lo que prometía ser una reunión tersa y estratégica terminó convertido en un auténtico jalón de orejas político. En un exclusivo hotel de Morelia, la cúpula de Morena se reunió para afinar la ruta rumbo a la gubernatura de Michoacán… pero el ambiente distó mucho de ser cordial.
La protagonista del momento fue nada menos que Luisa María Alcalde Luján, quien —según versiones al interior— no llegó precisamente a repartir sonrisas. La dirigente nacional habría lanzado un fuerte regaño a la tribu encabezada por Raúl Morón Orozco por haber “reventado” el formato original del encuentro.
❗ La primera fricción: los invitados incómodos
El cónclave estaba planeado exclusivamente para los aspirantes a la gubernatura y figuras prioritarias: Gladyz Butanda, el propio Morón, Gabriela Molina, Celeste Ascencio, Fabiola Alanís, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y el dirigente estatal Jesús Mora González.
Pero fiel a su estilo —dicen los enterados— Morón no llegó con las manos vacías, sino con condiciones. Habría exigido ampliar la lista de invitados e incluir a figuras como Leonel Godoy Rangel, además de diputados federales y locales. La jugada no fue del agrado de Alcalde Luján, quien, aunque incómoda, terminó cediendo.
🔥 El slogan que encendió la mecha
Otro momento tenso se vivió cuando la dirigente nacional rechazó tajantemente el lema impulsado por el equipo moronista: “Recuperar Michoacán”. La respuesta fue directa y sin matices:
“Aquí nadie recupera Michoacán; se trata de dar seguimiento al proyecto de la Cuarta Transformación”.
Un mensaje que muchos interpretaron como un golpe frontal a la narrativa del senador.
⚠️ Advertencias y líneas rojas
Pero la cosa no quedó ahí. Alcalde Luján habría dejado claro que no se tolerarán descalificaciones contra integrantes del gobierno estatal y subrayó que las candidaturas se definirán mediante encuestas, no por presiones ni cuotas de grupo.
El mensaje fue contundente: disciplina, unidad y nada de guerras internas.
Sin embargo, lejos de apagar las brasas, el encuentro dejó la sensación de que las fisuras están más vivas que nunca. Lo que debía ser una reunión de unidad terminó evidenciando tensiones, egos y jaloneos por el control político.





























