Editorial
La caída del llamado “Mencho” marca un antes y un después en la historia reciente de México 🇲🇽. Lo que durante años fue una política de contención y mensajes de “no confrontación”, hoy queda sepultado bajo el peso de una nueva realidad: el Estado ya no puede darse el lujo de titubear frente al crimen organizado.
La estrategia de “abrazos, no balazos”, impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue presentada como un camino distinto para pacificar al país. Sin embargo, para muchos críticos se tradujo en una percepción de debilidad institucional y en un repliegue que permitió a los grupos criminales expandir su poder territorial y económico.
Hoy, tras los recientes acontecimientos, el mensaje parece ser otro: la paciencia se agotó. La caída de una de las figuras más temidas del crimen organizado simboliza el fin de una etapa marcada por la controversia y abre la puerta a una estrategia más frontal.
México vive un punto de quiebre. ⚖️🔥 La discusión ya no es si confrontar o no, sino cómo hacerlo sin repetir errores del pasado. Lo cierto es que el país entra en una nueva fase, dejando atrás una política que dividió opiniones y redefiniendo el papel del Estado frente a quienes durante años desafiaron su autoridad.





























